miércoles, 2 de marzo de 2011

LA TIENDA ES EL VÉRTICE

La tienda es el vértice, allí me topé por primera vez al niño viajero maya con su apariencia confusa, los mocos secos bajo su nariz como animales disecados y la tensión estática en cada uno de sus huesos.

Tenía 19 y esperaba a mi novia aquel atardecer rojizo en que volví a ver al viajero, salió de la tienda como si hubieran pasado solo minutos, por la plaza la veo venir arrastrando con el pelo los aires de la sensualidad recién hallada.

Soy adulto y algún domingo bajo el sol furioso me bebo una Gallo, a mi lado observo al niño viajero que permanece sin permanecer pues su piel y su cabello son como agua apedreada, como rabioso grito de rebelión que queda colgado y se resiste a caer. Pensé que como fantasma surgió pero la manera en que se diluye con el mundo me hace pensar que siempre ha estado, que es el ambiente, que el fantasma he sido yo.

Es un venado cósmico, un sobreviviente de las lanzas del tiempo, de los tentáculos ligosos de la muerte, solo el viajero maya entiende mis ansias de silencio, es silencio, es vibración, yo me hago silencio y me hago tierra. No muestra tristeza conforme me voy muriendo aunque me acompañó una vida, los mocos se los ha limpiado y viendo las estrellas se prepara para abandonar el vértice. Y partir de nuevo.